De como el rey o príncipe o regidor de reino debe aseñorearse de su pueblo.
Otrosí cosa cumplidera y muy necesaria es al príncipe o rey o regidor del reino aseñorearse del pueblo, y que en sus tiempos y lugares convenientes sea tenido por señor, y conocido por los extraños que ante él vinieren en las señales de obediencia que vieren que le hacen los sus súbditos, y que sea temida su razón, y temido su nombre, y ninguno no hable de él a igualanza ni sin reverencia y humildad. Y más temido debe ser de los grandes que de los pequeños, y con mayor autoridad se debe aseñorear dellos, y que todos teman su saña y hayan pavor de errar y enojar con sus maldades y yerros, que no cumple que sea igual a la viga que dio Júpiter a las ranas, que del golpe se asombraron y después subían encima della. Y que muy fuerte cosa es de mudar la costumbre, y muy más ligera cosa es de ponerla que de enmendarla, que si una vez pierden el miedo al rey o regidor del reino, atrévense a él y no lo temen después. Y lo que en el comienzo remediaría con sola palabra, no lo remediaría después matando y haciendo crueldades. Y por ende la doctrina priva a las veces a la mala naturaleza. Y todo rey o príncipe debe ordenar su señoría y regir su tierra en justicia, y aseñorearse della por manera que haya excusada la enmienda y arrepentimiento, pero no se tenga en tanto que deje de honrar los buenos y a los que lo merecen, a cada uno en su grado, veces con buena palabra, veces haciendo mercedes, que muchas veces las buenas obras hacen de los enemigos amigos. Más no espere amistad del enemigo que es sin causa y por desordenada voluntad, ni tarde la venganza do viere crecer el daño, que muchas veces queda la mancilla y no el lugar.










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