Que el rey debe ser sañudo a los malos.
Sañudo debe ser el rey o príncipe o regidor de reino contra los malos y contra aquellos que no guardan servicio de Dios, ni pro común de la tierra, y roban a los que poco pueden, y les toman lo suyo contra su voluntad o cometen o hacen traiciones o maldades, o yerran contra su persona no lo temiendo, y atreviéndose a él. Que el príncipe o rey o regidor que no es sañudo a los malos ni muestra los yerros a los que lo merecen, y no da por el mal pena y por el bien galardón no es digno de regimiento, que regidor de reino tanto quiere decir como pastor de las ovejas, que ha de dar vía por donde usen y vayan, destruidor de los malos, enmendador de los malos usos y costumbres, rehacedor de los bienes, igualador de las discordias, veces con saña, veces con buena palabra, enseñador de las virtudes, destruidor de los pecados, y pena de la maldad y gloria de la bondad, defendimiento de pueblo, poblador de tierra, pértiga de justicia. Y por ende le es cumplidera la saña contra los malos y crueles y desordenados en sus hechos, que el príncipe o señor en quien no hay saña o crueldad cuando cumple no puede bien regir reino, que cada uno se atreve a mal obrar en esfuerzo de no ser castigado. Y más temor pone la saña del rey o del regidor que es conocido por justicia que la justicia que hace o manda hacer, y más la debe mostrar a los grandes que a los pequeños, que ganado lo más, lo menos es cosa vencida. Y muy gran castigo es al pueblo ver quebrantada la soberbia de los grandes que ser sometidos a justicia. Razón clara y muy conocida es de que las obras pasadas dan testimonio.










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